El Sublime Frenesí. Poesía y Pulsión de Muerte(1)

 

Por Marina Arrate

Quisiera en esta presentación entablar un diálogo con el capítulo “Fantasma, Divino Tesoro. Poesía y Pulsión de Muerte” del libro Filigranas Feministas. Psicoanálisis, Memoria, Arte, de la psicoanalista Pilar Errázuriz (2).

 

En carta a Fliess del 31 de Mayo de 1897, Freud alude a la poesía como fruto de la ensoñación histérica; sin embargo, me resulta más sorprendente el rescate que hace de unas palabras de Shakespeare en Sueño de una Noche de Verano: la poesía como el Sublime Frenesí.

 

Escribe Freud a su amigo; “el mecanismo de la creación literaria es el mismo que el de las fantasías histéricas. Goethe en su Werther combinó algo que había experimentado (su amor por Lotte Kastner) con algo que había oído (el destino del joven Jerusalem que se había suicidado). Probablemente haya jugado con la idea de matarse y encontró en ella un punto de contacto para su identificación con Jerusalem al que dota de sus propios motivos derivados de su enamoramiento. Por medio de esta fantasía se protege a si mismo contra las consecuencias de su vivencia.

 

Asi Shakespeare tuvo razón cuando equiparó la poesía a la locura (el sublime frenesí).” The fine frenzy. (3)

 

Hasta aquí la cita, el comentario que hace Freud a su amigo Fliess. Lo interesante de ella es que nombrando al Goethe de Werther, allí en los comienzos del romanticismo alemán, incluye quizás sin saberlo las fuentes amorosas y tanáticas de la obra de la arte, su amor por la joven y el deseo de aniquilarse, y su desplazamiento en la construcción de la obra de arte. Aún no había Freud concebido el concepto de Pulsión de Muerte, que como es sabido y como menciona Pilar Errázuriz, aparece a la luz en 1920 en el capítulo Más Allá del Principio del Placer.

 

Bien podemos especular que en ese comentario epistolar se deja ver ya la interrelación de la pulsión amorosa y la tanática en la creación literaria, y si bien la ensoñación histérica a la cual da tanto mayor importancia en su carta y que desarrollará más ampliamente en el artículo “El Poeta y los Sueños”, de acuerdo con Pilar podemos plantear que esta ensoñación histérica no sería más que la pantalla donde se proyecta la lucha entre Eros y Tánatos, cuando acontece la escritura.

 

Muy bien da cuenta este capítulo de Pilar Errázuriz del modo en que Eros y Tánatos se entretejen. En un notable esfuerzo por quitarle, como ella dice, a la biología su porción incognoscible y fatal, sigue el recorrido, la ruta, que ambas fuerzas recorren en un proceso mucho más dialéctico que binarista. Un tejido construido para suplir la falta convertida en fantasma. Fantasma que nos recorre ya cuando enamorados/as, ya cuanto asediados/as por la idea de un peligro de muerte. Goethe escribiendo su Werther. (Werther es una novela que relata el enamoramiento fatal del protagonista, Werther; fatal por cuanto la historia de amor culmina con el suicidio del personaje).

 

Qué mejor ejemplo que cuando estamos enamorados/as, pues ¿qué puede ser más “peligroso” que percatarnos que el supremo bien nos viene de un otro que no somos nosotros? ¿De un cuerpo que bien puede hurtársenos pues está en todo su derecho? Un abismo se abre para ser inundados por la pulsión de muerte y una angustia sobrenatural nos sobrecoge.

 

La escritura, producto de la sublimación, y recurso al que el artista acude para no sucumbir a la angustia de muerte. No puedo evitar glosar a Pilar Errázuriz por lo didáctico de su descripción. Retoma Pilar a Freud en “El Yo y el Ello” para explicar el modo en que la sublimación se lleva a efecto: el Yo se apodera por identificación de los objetos que ha de abandonar y “se ofrece al Ello para de este modo compensar la pérdida experimentada”. La líbido objetal sexual se transforma en líbido narcisista para proponerle un nuevo fin” (4). Es decir, Goethe renuncia a su amada y renuncia a sus deseos de muerte, y a la energía que ha vuelto al sujeto, a Goethe siguiendo el ejemplo que nos ofrece el mismo Freud, se le propone un nuevo fin, la escritura.

 

Cito a Pilar: “adviene entonces, calladamente, un avance de Tánatos. El Otro, causante también de la dimensión deseante, se compadece del sujeto y le concede la palabra, le concede el lenguaje, le concede el pensar” y más adelante “Sin embargo, hacer suyo el objeto amado como centro de la melancolía no resuelve el conflicto fundante” y más adelante “Tánatos volvería al sujeto al vestíbulo melancólico, prólogo de una posible sublimación y de la apropiación de la palabra” (5).

 

Citando a Kristeva, Pilar Errázuriz se pregunta. “se ha recalcado suficientemente el vínculo entre el arte y la melancolía como para no plantear brutalmente la pregunta: ¿Cómo lo hacen quienes no sucumben a ella? La respuesta de Kristeva es que resexualizan las palabras, los colores, los sonidos. Pero me gusta más la respuesta de Pilar Errázuriz. Cito: “Lo erótico de la fantasmática convocada en la sublimación poética consiste, a mi modo de ver, en sostener la tensión deseante desde el lugar del desamparo. Sólo el desamparo – deseo exacerbado a partir del rechazo del otro – su ausencia, permite a Eros reproducir su búsqueda de desencuentro. Puesto que el deseo está marcado por la falta y está abocado al desencuentro, sólo recurriéndose a una supuesta identidad retratada en el fantasma de la impotencia se dará cuenta de la erotización en el deslizamiento por los significantes.(6)”

 

Volviendo a nuestro ejemplo, ¿cómo lo habría hecho Goethe para no sucumbir a la melancolía? Expuesto al fracaso de su amor por Lotte Kasner e invadido por fantasías suicidas, la escritura le permite reproducir la tensión deseante desde el lugar del desamparo, cuestión que le permite a Eros reproducir su búsqueda de desencuentro. Toda la letra, la escritura, el pensamiento se erotizan nuevamente, permitiendo – en el mejor de los casos – una elaboración de la compulsión a la repetición, es decir, una repetición restitutiva, como escribe Pilar Errázuriz.

 

Son innumerables los testimonios de autores que logran “salvarse” por la vía de la escritura. Recordé en el momento en que escribía esta presentación, el libro Opio, Diario de una Desintoxicación, de Jean Cocteau. (7)

 

Mauricio Wacquez, gran novelista chileno, escribe un prólogo muy interesante a esta obra, que él mismo tradujo. “No podemos – escribe Mauricio Wacquez – entender al Cocteau crucial de Opio sin referirnos al hecho también crucial…de su encuentro con Raymond Radiguet, su fugaz y apasionada relación, y la muerte fulminante de Radiguet el 13 de Diciembre de 1923.”(8) Esta muerte, de un tifus absurdo comentará Wacquez, deja a Cocteau sumido en una grave depresión y en las manos del opio.

 

Dice Wacquez: “Orfeo en 1925, y Los Niños Terribles en 1929, la primera insuficiente, la segunda exitosa, constituyen la verdadera “curación” de Cocteau. Opio es contemporáneo de la segunda. Ya que si el análisis psicológico no existe en Opio es precisamente porque la obra de arte fair l’affaire, es el mejor psicoanálisis, la única realidad capaz de ahuyentar los fantasmas que devoraban al poeta”. “Siempre me ha sorprendido el carácter catártico de la poesía”, comenta Wacquez. Cuando al final de Opio, Cocteau habla de que está curado: “Curado me siento vacío, pobre, asqueado, enfermo. Floto”, siente de verdad una liberación. Pero no está vacío porque haya vuelto del infierno, porque esté desintoxicado o haya escrito Opio. Está “vacío” porque en tres semanas del mes de marzo de 1929, durante su curación escribió “Los Niños Terribles”, el gran espasmo que le permitió sentirse definitivamente “curado”. Así, lo primero – o lo último – que piensa es en su próxima obra. “Mi próxima obra será una película”. En seis años de infierno, como un Orfeo que sale del espejo después de buscar reiteradamente a su amor, el poeta ha logrado el olvido en la memoria de la poesía.” (9) Hasta aquí Wacquez pensando en Opio de Cocteau.

 

Parece como si hubiera leído a Pilar. La cito: “Por fin, con el deslizar del ojo, de la pluma, de la lengua, de significante en significante, el sujeto puede – por un momento – abandonar la condena – cadena perpetua de mirarse en el espejo del otro, en los ojos del Otro, para jugar a la caligrafía del objeto de amor, del objeto “a”. (10)

 

Pero, ¿qué pasará con los/as poetas que no resisten, que sucumben a la melancolía? No puedo dejar de mencionar a Alejandra Pizarnik, una de mis poetas favoritas. Hay muchos otros/as. Silvia Plath, Virginia Wolf, los chilenos Alfonso Alcalde, Pablo de Rokha y muchos otros.

 

Alejandra Pizarnik muere el 9 de Octubre de 1972. Escribe en su Diario el 9 de Septiembre de 1971, es decir 11 meses antes de su muerte. Ya ha intentado suicidarse varias veces. “Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana./ En cuanto al escribir, sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran.” (11)

 

Escribe Pilar sobre el suicidio: “Sólo la indiferencia y la muerte del deseo darían cuenta de un Tánatos activo” y más adelante “El suicidio vendría entonces a darle el triunfo a Tánatos sobre el objeto, sobre el deseo del otro acerca del displacer del sujeto, ya no encontraría el otro un reservorio para su deseo de rechazo” (12). Es decir, ya no hay un otro con el cual tejer el deseo frustrado de amor. O dicho de otro modo, el yo abandona la batalla. “Las palabras no sirven para que me quieran”, dice Alejandra Pizarnik. Eros se retira de las palabras, la ilusión de amor desaparece y la poeta no resiste.

 

Al final de su artículo, Pilar Errázuriz escribe: “Es sólo desde el desamparo desde donde el sujeto podrá permitirse acariciar la sombra del objeto mientras este corre hacia el horizonte, y se empeñará en la búsqueda de un significante que no revelará más que lo mismo: es decir, la falta, la nada”. (13)

 

Sospecho que Alejandra Pizarnik no fue capaz de resistir esta verdad que le debe haber parecido insoportable, ella que siempre iba en busca de un jardín. Cito de sus varios versos con el tema, uno póstumo:

“en la noche del corazón
En el centro de la idea negra

Ningún hombre es visible
Nadie está en algún jardín” (14)

Otra es la experiencia de Olga Orozco, gran amiga de la poeta y que escribe en su homenaje un poema llamado “Pavana para una infanta difunta”, donde afirma:

“Pero otra vez te digo
Ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
En el fondo de todo hay un jardín.
Ahí está tu jardín
Talita cumi” (15)

 

El sentido de las palabras arameas con que termina el poema – cuyo sentido es “Muchacha, a ti te digo, levántate”, y que son las palabras con que Cristo ordena a la hija de Jairo que resucite, en Marcos V 41 – 42, (16) puede representar en el caso de Orozco el supremo esfuerzo, a nivel de la fe, por sostener a Eros por sobre un avance tan rotundo de Tánatos.

 

Para terminar, quisiera relatar en qué contexto aparece el Sublime Frenesí al que alude Freud en su carta a Fliess. En Sueño de una Noche de Verano, dos parejas se quedan dormidas y en el sueño, un duende maldadoso esparce en sus ojos un polvo hecho de variadas hierbas que los confunde de tal modo que al despertar se han enamorado de la pareja contraria; lo mismo hace con un hada que al despertar se enamora de un aldeano disfrazado de burro y así, se van sucediendo en la obra una serie de equivocaciones de orden cómico. Es en esta pieza jocosa, perteneciente a las primeras obras de Shakespeare, cuando componía para divertir a sus amigos, donde Freud rescata la comparación que hace Shakespeare de la poesía y la locura, el sublime frenesí.

 

“El ojo del poeta, en su delirio, va del cielo a la tierra y vuelve al cielo” (17)

 


NOTAS

(1) Este texto fue leído en la presentación del libro Filigranas Feministas. Psicoanálisis, Memoria, Arte, de Pilar Errázuriz, en la Sala de Conferencias del Decanato de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile el día 9 de Junio de 2006 a las 19.00 hras.

(2) Errázuriz, Pilar. Filigranas Feministas. Memoria, Arte, Psicoanálisis, Editorial Libros de la Elipse, Santiago, Chile, 2006.

(3) Freud, Sigmund: Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, España, 1996, p. 1574. En nota a pié de página, se señala que las palabras “sublime frenesí” se encuentran en inglés en el original y corresponden a “fine frenzy”. En Sueño de una Noche de Verano, acto V, esc. 1: “The poet’s eye, in a fine frenzy rolling”

(4) Errázuriz, Pilar: op. cit. p. 91.

(5) Errázuriz, Pilar: op. cit. p 92.

(6) Errázuriz, Pilar: op cit. p. 95.

( 7) Cocteau, Jean: Opio. Prólogo de Mauricio Wacquez. Editorial Sudamericana, Santiago, Chile, 2002.

(8) Cocteau, Jean; op. cit. p. 8.

(9) Cocteau, Jean: op. cit. p. 15.

(10) Errázuriz, Pilar: Op. Cit, p. 92

(11) Pizarnik, Alejandra: Diarios. Ed. Lumen, Barcelona, España, 2003. p.502

(12) Errázuriz, Pilar: Op cit., p.90

(13) Errázuriz, Pilar: Op. Cit, p. 95

( 14) Pizarnik, Alejandra: Poesía Completa, Ed. Lumen, Barcelona, España, 2ª edición, 2001, p. 445.

(15) Orozco, Olga: Páginas de Olga Orozco. Seleccionadas por su autora.Con Estudio Preliminar de Ana Becciu. Ed. Celtia, Buenos Aires, Argentina, 1984, p. 48

(16) Orozco, Olga: Op. Cit, en Prólogo de Ana Becciu, p. 48

(17) Shakespeare, William; Sueño de una Noche de Verano, Traducida por Idea Vilariño, Ed. Losada, Buenos Aires, Argentina, 4ª edición, 1995, p. 152.

 


Bibliografía:

 

Cocteau, Jean: Opio. Prólogo de Mauricio Wacquez. Editorial Sudamericana, Santiago, Chile, 2002.

 

Errázuriz, Pilar. Filigranas Feministas. Memoria, Arte, Psicoanálisis, Editorial Libros de la Elipse, Santiago, Chile, 2006

 

Freud, Sigmund: Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, España, 1996.

 

Orozco, Olga: Páginas de Olga Orozco. Seleccionadas por su autora. Con Estudio Preliminar de Ana Becciu. Ed. Celtia, Buenos Aires, Argentina, 1984,

 

Pizarnik, Alejandra: Diarios. Ed. Lumen, Barcelona, España, 2003. p.502

 

Pizarnik, Alejandra: Poesía Completa, Ed. Lumen, Barcelona, España, 2ª edición, 2001, p. 445.

 

Shakespeare, William; Sueño de una Noche de Verano, Traducida por Idea Vilariño, Ed. Losada, Buenos Aires, Argentina, 4ª edición, 1995.